Salamanca,  Castilla    
¿Hacia dónde puede ir una cultura específicamente castellana?
Chema Pérez. Sociólogo. Miembro de Foro Castellano
Redacción / Martes 19 de septiembre de 2006
 

Si la colonización se entiende en términos de anulación de las potencialidades de un pueblo, cuando nos referimos a la colonización cultural de Castilla deberíamos ampliar este concepto para incluir en él la apropiación de una buena parte de nuestra cultura por el poder, y su imposición, previamente degradada, a otros pueblos y a otras culturas.

En Castilla, la colonización cultural tiene dos vertientes: una interna y otra externa. En el momento que no somos conscientes de nuestra identidad cultural, estamos expuestos a dejarnos influir por culturas ajenas. El desparecido crítico taurino salmantino, Alfonso Navalón, escribió en Tribuna de Salamanca, un artículo en el que criticaba el flamenquismo; que está acabando con la cultura ganadera del Campo Charro: Es inadmisible que los vaqueros de Salamanca lleven ese disfraz folklórico del traje aflamencado, teniendo aquí la señorial sobriedad del traje charro, mucho más antiguo y mucho más ganadero. (...) Me duele que esa maravilla de pueblo, tan castellano y tan monumental como Ciudad Rodrigo, haya caído en la horterada de levantar un monumento al señorito garrochista andaluz. Como me dolería que delante de la Real Maestranza de Sevilla colocaran una estatua al pelotari vasco.

En este caso, la culpa es, indudablemente, nuestra; nos dejamos atrapar por el hastío y la pasividad y acabamos aceptando unos valores que no armonizan con nuestro modo de ser. La vertiente externa es, sin embargo, más común. La "penetración cultural" a través de lo que se ha dado en llamar los "mass media" es un problema universal. En este terreno los pueblos deben luchar por recuperar lo que se les ha arrebatado. El combate por la cultura no puede estar exento de originalidad ha de librarse con imaginación, no sólo para reconquistar el derecho a la diferencia, sino también para que las peculiaridades de la cultura no caigan en el chabacano folklorismo o en la estulticia pura y simple. En mi opinión, la cultura tradicional, tal y como hoy se percibe, es como un objeto envasado con instrucciones de uso: Eduardo Galeano dice,

Estamos en plena cultura del envase. El contrato de matrimonio importa más que el amor, el funeral más que el muerto, la ropa más que el cuerpo y la misa más que Dios. La cultura del envase desprecia los contenidos.

Una definición de cultura entraría de lleno en el campo de la antropología. Desde la definición funcionalista de Tylor a la simbólica de Geertz. La cultura equivaldría, por una parte, a la visión del mundo modelada por la trayectoria histórica y la innovación social y tecnológica; por otro lado, de acuerdo con Geertz, la cultura sería

un esquema históricamente transmitido de significaciones representadas en símbolos, un sistema de concepciones heredadas y expresadas en formas simbólicas por medios con los cuales los hombres (y las mujeres) comunican, perpetúan y desarrollan su conocimiento y sus actitudes frente a la vida.

Quitémosle a la definición las connotaciones simbólicas y añadámosle por nuestra parte una referencia ampliable al mundo de la cultura popular, entendida ésta como las aspiraciones liberadoras de las clases más modestas, y tendremos una aproximación a lo que puede ser un modelo cultural a desarrollar en Castilla. (1) El proceso de debilitamiento cultural de Castilla coincide con su decreciente protagonismo en la historia española en los tres últimos siglos. Como no se trata de lamentar por enésima vez las consecuencias que tuvo para Castilla su impúdica despersonalización, sólo nos referiremos al fenómeno de asimilación cultural protagonizado por la Corona borbónica en su afán centralista y uniformizador.

La cultura popular castellana sufrió un tremendo varapalo con la llegada de los borbones a Madrid. La penetración de las ideas ilustradas francesas arrasaría con las tradiciones populares urbanas: un ejemplo puede ser el estudio que hace F.R. de la Flor sobre los fastos efímeros destinados a dar gloria a los monarcas. La fiesta popular urbana fue sustituida por un uniformismo de oropel, a las masas se las invitaba a admirar pasivamente el boato regio y eclesiástico y a variar el objetivo de sus atrevimientos hacia la mansedumbre de la contemplación (estática y extática) Estas tendencias eran ya manifiestas en los últimos tiempos de los Austrias;, pero se impusieron vivamente en el siglo XVIII. Recordemos a Jovellanos y su afán por exterminar cualquier seña de identidad que no se ajustara a los cánones del racionalismo francés.. (2)

El culto a lo efímero, instaurado por los monarcas dieciochescos pervive hoy, con mayor intensidad, en la cultura impulsada desde el poder. La eficacia alcanzada por los canales de transmisión culturales ha hecho de la cultura una vivencia externa y epidérmica, ajena en todo momento a lo cotidiano, que ensalza lo superfluo y entroniza una visión unidimensional de las cosas.

El capitalismo ha sido capaz de someter la creación y el pensamiento a un sólo amo: el dinero, patrón de cualquier intercambio cultural por leve que sea, señor absoluto de las modas y los modos de percibir la realidad. El culto al poder penetra por todos los intersticios de la sociedad, se instala cómodamente en nuestras casas y nos hace parecernos cada día más en las aficiones, los gustos consumibles y hasta en nuestra imposibilidad de ver el mundo con un color crítico. El cacareado pluralismo cultural no es otra cosa que la desintegración de los valores colectivos la uniformización individualizada de nuestras apetencias sirve muy bien al juego de la diversidad en el que nos obligan a participar.

La "cultura del espectáculo" no es inofensiva; nos engaña haciéndonos creer que la realidad tiene muchas caras, cuando en verdad todos los aspectos de esa pluralidad no son sino fotocopias de un único mundo: el de la sociedad que se devora a sí misma consumiendo sin parar las ofertas (muchas, ciertamente, pero calcadas unas de otras) del poder.

Frente a esta tergiversación de la realidad hay que situar la afirmación de la cultura popular como impulso liberador. La cultura popular (hoy encerrada en los museos) debe proponer la multivisión verdadera, salir de los anaqueles y vitrinas y exponerse en la plaza pública, lugar de donde nunca debió ausentarse, para que el pueblo vuelva a hacerla suya. La privatización de la cultura fue un hecho con el desarrollo del mercado capitalista que la convirtió en valor de cambio, de prestigio y de diferenciación social. La burguesía se apropió de los valores populares, desechando aquellos que la contradecían: lo "soez" (3), la inversión social de algunos rituales, el carácter ambivalente de los conceptos, la significación multiforme del arte popular, con su carga liberadora de fatigas... todo aquello que significaba un obstáculo para la acaparación de poder por la clase capitalista fue suprimido o absorbido y manipulado en su propio provecho. La reivindicación de la cultura popular como instrumento liberador no es sólo un medio para alcanzar una sociedad futura plena de satisfacciones y libre de las desigualdades que hoy nos atenazan. Benedetti dice

las respectivas culturas de liberación, si bien se basan en principios que les son comunes, buscan sin embargo en su propia historia, en su propia idiosincrasia y en los rasgos esenciales de su lucha, los componentes e instrumentos de una cultura nueva.

No se trata, pues, de retroceder en el tiempo, de mirar al pasado con nostalgia. Como escribe Eduardo Galeano:

Nuestra auténtica identidad colectiva nace del pasado y se nutre de él pero no se cristaliza en la nostalgia. No vamos a encontrar, por cierto, nuestro escondido rostro en la perpetuación artificial de trajes, costumbres y objetos típicos que los turistas exigen a los pueblos vencidos. Somos lo que hacemos, y sobre todo lo que hacemos para cambiar lo que somos.

Crisis del mundo rural: pérdida de valores tradicionales. Despoblación y consiguiente desvitalización del medio rural.

No debemos lamentarnos de lo que ya no tiene remedio. Hay que estudiar en positivo las pervivencias de la cultura rural, hoy desperdigadas por las ciudades (en forma "folklórica") o que algunas personas tratan de revitalizar en el propio medio (y donde el pesimismo es la nota dominante). El discurso de la "modernización económica" (que ha servido para justificar la decadencia de los valores tradicionales) no es válido para Castilla, pues aquí este proceso ha tenido lugar expulsando gente y recursos hacia las zonas que protagonizaron el desarrollo. La cultura rural (y los valores ecológicos que a ella deben adscribirse) (4) debe ser defendida desde soluciones viables aquí y ahora, desde posturas que no sean contradictorias con las condiciones ambientales. No se puede admitir que los proyectos de viabilidad social y económica en el medio rural consistan sólo en pantanos, cárceles, vertederos o empresas extractoras de recursos que generan riqueza en otros lugares ajenos al espacio castellano.

Debemos potenciar la recuperación de los valores humanistas en otro tiempo arraigados a las estructuras sociales rurales (y no por ello exentos de contradicciones) desde presupuestos organizativos de base, integrados y abiertos a la participación: el acerbo cultural debe servir de catapulta hacia el futuro y no estar compuesto por objetos y vivencias de escaparate.

El medio urbano y el medio rural deberían estrechar sus contactos hasta fundirse. La tendencia de penetración de lo urbano en lo rural debe invertirse, o al menos que el flujo de influencias sea recíproco. Las ciudades necesitan asimilar aquellos aspectos que daban cohesión a la vida colectiva campesina para romper con el férreo individualismo que las domina.

Mi propuesta es que deben defenderse alternativas a dos niveles. Un nivel posibilista o institucional y un nivel revolucionario, utópico o popular. Institucionalmente deberían crearse en Castilla plataformas que facilitaran la recuperación de nuestra cultura y fortalecieran la identidad colectiva. Habrían de tenerse en cuenta, sobre todo, estos tres aspectos: la tradición, la historia y la lengua.

1. Centro de estudios de investigaciones antropológicas y etnográficas. Se ocuparía de impulsar el conocimiento del modo de vida y visiones del mundo de nuestros antepasados y todas aquellas manifestaciones culturales de creación popular. El panorama es muy triste en la actualidad; se caracteriza por un provincialismo excluyente y una falta total de colaboración entre los expertos que raya con la rivalidad localista. Las actuaciones de la Junta de C y L en este terreno confirman lo dicho más atrás acerca de la +escaparatización; de la cultura popular (ver diseño del Museo de Zamora) (5).

2. La Historia escrita de Castilla es prácticamente inexistente. Un pueblo que desconoce sus orígenes y su desenvolvimiento a lo largo de la historia a poco puede aspirar. Yo propongo que la investigación histórica de Castilla cambie de orientación: Estamos cansados de que nos cuenten en los libros las obras, vidas y milagros de reyes y nobles; administraciones, conquistas, guerras periodificadas, etc. La práctica totalidad de los historiadores recurren a las fuentes de los archivos de la Corona de Castilla o a aquellas otras de las instituciones del poder, olvidando que existen los archivos de los concejos y de los municipios, la literatura, las tradiciones orales; en definitiva, todo un caudal de información que permanece inexplorado y que nos puede permitir conocer la HISTORIA DEL PUEBLO CASTELLANO. Reconstruir la historia desde la base popular exige un enorme esfuerzo y la dedicación de muchas personas coordinadas. Castilla debería contar con una especie de Academia de Historia (o como queramos llamarla) que organice y coordine la investigación histórica de la vida popular desde presupuestos especializados: Historia social, económica, del arte, de las ideas...

3. La lengua castellana, inevitablemente universal, debe ser repatrimonializada por sus originarios creadores. Debemos rechazar su imposición a otras comunidades lingüísticas, pero también hemos de defenderla de contaminaciones extranjeras y recuperar una buena parte del léxico rural y genuino que está desapareciendo como consecuencia de la crisis del campo. Del mismo modo que otros países de habla castellana poseen una "Academia de la lengua", Castilla debería tener la suya. Sería bueno que en este apartado se incluyera también a la literatura castellana; siempre se alcanzarían mayores logros literarios si los escritores pudieran intercambiar sus experiencias literarias.

Esta sería la base que permitiría a Castilla recuperar su identidad. Simultáneamente habrían de crearse las instituciones adecuadas para difundir lo que, a grandes rasgos, hemos expuesto antes. Voy a referirme brevemente a tres nuevos aspectos: las universidades, la difusión y la dramaturgia. He de dejar claro que estas propuestas no son excluyentes de otras y que hay muchos campos que aquí no se tocan.

4. Las Universidades castellanas deberían jugar un papel dinamizador y coordinador de la vida científica y cultural de Castilla, adaptando sus programas de estudios a sus peculiaridades, integrándose en la sociedad y alentando el progreso social y económico. Las universidades de Alcalá, Salamanca y Valladolid, que tanto contribuyeron al impulso técnico y cultural de los primeros tiempos de la Castilla moderna, aparecen hoy ausentes de la realidad castellana, más atentas a desempeñar papeles protocolarios y subalternos que a promover ideas y proyectos armonizados con su entorno.

5. El alcance social de la televisión es indudable. Deberíamos exigir la creación de una "Televisión Castellana" que fuera agente difusor de nuestros problemas, inquietudes y vivencias y contribuyera a derribar las barreras que separan a unos castellanos de otros. La imagen no es sólo un medio de información, también es un arte. A cien años de producirse el gran invento del cine, todavía no existe una cinematografía castellana; sin embargo, de estas tierras han salido grandes creadores de imágenes en movimiento que tuvieron que ir a Madrid o a otros grandes centros urbanos para poder trabajar.

6. Un "Centro Dramático Castellano" es, igualmente, necesario. Castilla tiene una de las mejores tradiciones teatrales europeas, vinculada, además, a lo popular y que aún pervive, curiosamente, en el mundo rural. No hace falta mencionar que, antes de Shakespeare, fueron autores como Juan del Encina o Fernando de Rojas los que contribuyeron a definir un nuevo estilo teatral liberado de las ataduras del teatro clásico greco-latino.

El segundo nivel, que es el de la liberación, tiene para mí un significado mucho más trascendente, pues se aproxima más a la utopía revolucionaria que tanto seguimos deseando muchas personas. Los espacios de la cultura liberadora que subsisten, aunque con mucha dificultad, son espacios birlados al poder. En Castilla conozco dos ejemplos: la "Escuela de Sabiduría Popular" de Zamora y los "Concejos Castellanos" de Tordesillas.

La Escuela Zamora, que Agustín García Calvo, uno de sus impulsores considerada subversiva, ha logrado gran prestigio entre los zamoranos y las zamoranas en su corta andadura. Ocupa una parte de las antiguas dependencias del Cuartel Viriato ( y qué idea más genial: convertir las instalaciones militares en centros de sabiduría popular). Y sus actividades están más orientadas hacia el fomento del pensamiento libre y la creatividad que a impartir conocimientos mediante mecanismos pedagógicos.

Los Concejos de Tordesillas, aunque están en otra onda, constituyen una alternativa basada en la puesta en práctica de la tradición democrática castellana de los concejos abiertos. Hasta ahora sólo funciona, y con bastante aceptación, el "Concejo de Dulzaineros" que se celebra anualmente; pero los castellanistas tordesillanos proyectan extender estas iniciativas a otras esferas del arte y la cultura: artesanos, pintores, escritores, etc.

Alternativas, "haberlas haylas", sólo hace falta que pongamos un poco de voluntad de nuestra parte. Y el Foro Castellano no debería demorarse más en el estudio y puesta en marcha de su propio proyecto cultural de liberación.

(1) Esta es, de todas formas, una definición muy reduccionista de lo que entiendo por cultura. Sirve tan sólo como introducción a un necesario debate.

(2) Durante el Quinientos, la práctica ciudadana de la fiesta se halla... mucho más volcada hacia lo carnavalesco, hacia la expresión de valores profanos... que contienen un marcado aire popular. ... Durante el siglo XVII asistimos a la profundización de esa fisura siempre existente entre comitentes y público curioso. La fiesta, en su instrumentalización, integra a las masas espectadoras, les asigna un lugar, ubicándolas en un espacio de visión... La multitud aparece boquiabierta y silenciosa. El orden ritual traza su camino por entre los espectadores; la perfección con que comparecen las jerarquías los estamentos representativos, contrasta poderosamente con ese carácter amorfo, confuso, que presenta la masa indiscriminada... El espacio festivo, lejos de ser unitario, avanza con el siglo hacia una rígida compartimentación. ... Se trata, una vez más, en el interior de ese dispositivo, de la emisión de un discurso todopoderoso que atenúe o, incluso, llegue a suprimir, otras voces, arrebatándoles la posibilidad misma de alcanzar la expresión. Las clases bajas, la masa popular, debe suspender, en ese perímetro y en ese espacio de la fiesta, la manifestación de su destino como clase, para que "no se mezclasen, ni aun se oyesen los tristes ayes de la necesidad, y de la miseria en ocasión de tan común alegría, y de tan universal alborozo" (F.R. de la Flor, Atenas Castellana, Salamanca, 1992, 42-47)

Los aspectos irreverentes, lo carnavalesco y popular, tienen también su lugar en la exaltación cultural de las clases dominantes. Los comitentes de la fiesta preparan y disponen ese espacio de transgresión, donde sus valores son sometidos a una crítica, de la que, paradójicamente, han de salir reforzados. ... La revuelta, la irrisión de los valores, la parodia y la bufonada, son introducidas previstas en el plan festivo en unas dosis homeopáticas... Ha escrito Bonet Correa, "El regocijo popular, la alegría y la risa en común, la locura colectiva fue como una válvula de escape que de vez en cuando y a su debido tiempo se abría para sí mantener el equilibrio y la conexión entre las clases, a fin de que el edificio bien construido del Antiguo Régimen no sufriese resquebrajaduras amenazadoras de su estabilidad". ... El discurso de las clases dominantes organizadoras de los actos, termina, de este modo, por hacerse más fuerte, más perverso, al integrar como parte de su retórica general las supervivencias de esa cultura localista, que, al intentar burlar la presión jerárquica, acaba por ratificarla; (id. 47-50).

(3) Este término fue adaptado por la burguesía urbana para desprestigiar los valores de la cultura popular: léase, las continuas referencias en la tradición oral, la literatura de cordel;, el teatro, el carnaval.. De imprescindible lectura para entender la apropiación burguesa de la cultura popular son las siguientes obras: Bajtín, Mijaíl: La cultura popular en la Edad Media y el Renacimiento, Alianza, Madrid, 1987 y Burke, Peter: La cultura popular en la Europa Moderna, Alianza, Madrid, 1991.

(4) Y esto sí es una novedad. Porque en el pasado los campesinos hacían una utilización instrumental de su entorno natural; no eran conscientes del valor intrínseco de éste. Es ya un lugar común el referirse a la deforestación de Castilla durante la segunda mitad del siglo XIX ante la necesidad de ampliar los cultivos de secano. Lo que para nosotros constituye una aberración, para nuestros antepasados era la oportunidad de sobrevivir ante los imperativos productivistas y arcaicos exigidos por el incipiente capitalismo industrial.

(5) Un claro ejemplo de la cultura del envase;, que critica Eduardo Galeano, lo tenemos en las páginas del diario "El Mundo de Castilla y León", del 10-9-94. La sección de cultura; está íntegramente dedicada a explicar el diseño arquitectónico de un Centro Etnográfico de Castilla y León; que las instituciones autonómicas han creado en Zamora. La crónica se regodea en el detalle de la planta y alzado del supuesto edificio: perspectiva del interior destinado a alojar dos plantas expositivas;... perspectiva en la que puede apreciarse el aspecto volumétrico del edificio;... y un titular, la necesaria relación luz y espacio para crear ambiente; sin embargo, nada se decía acerca de los fondos, secciones temáticas, etc. etc. que contendrá el envase


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