Salamanca,  Castilla    
La iglesia comunera enfrentada a la jerarquía eclesiástica
Comunidades cristianas de Castilla se revelan y demuestran que otra iglesia es posible
emilio gómez / Miércoles 1ro de agosto de 2007
 
Aunque parezca que la organización católica es monolítica y unitaria, no es así. Hay ciertos sectores en discrepancia que no se callan, y claros ejemplos son los de las comunidades cristianas de base de la Parroquia de Buenos Aires (Salamanca) o la Parroquia de San Carlos Borromeo (Madrid).
El «cristianismo oficial» desde hace siglos es conocido por su obstruccionismo al avance de las libertades, su oposición al avance de la ciencia, la negación de la naturaleza humana, etcétera. Labores impagables. Pero más allá del Vaticano, de la Conferencia Episcopal Española, de los Arzobispados y Obispados, ... existe un reducto de católicos con una visión nada miope que demuestra que otra iglesia es posible. En esa vía se encuentran congregaciones de algunas ciudades castellanas como Madrid o Salamanca. Quizá se trata de una nueva revolucion comunera, porque estos casos se están dando en la tierra de Acuña y tienen un tinte rebelde progresista. Tal vez esos grupos logren, a largo plazo, que la institución clerical despenalice el uso del preservativo, reconozca que el amor homosexual no es pecado, acepte que la masturbación no condena, luche duramente contra sus pedófilos, haga realidad que la mujer debe estar totalmente en igualdad con el hombre y por tanto haber papisas o mamisas, hacer realidad reformas como mujeres dando misa, obispas, curas casados felizmente sin celibato con hijos, ... Mítica fue la eucaristía celebrada en junio a las puertas de la «iglesia roja» cerrada de San Carlos Borromeo. Su eucaristía era progre a los ojos del Arzobispo de Madrid. Y sin más remordimientos la hizo cerrar. Los sacerdotes Enrique Castro y Javier Baeza se quedaron en paro. No sin antes recibir la solidaridad del teólogo Leonardo Boff, el socialista Pedro Zerolo, el ex-ministro español José Bono, así como el círculo cristiano habitual y otros llegados desde otras partes. Emiliano de Tapia, y su congregación del barrio salmantino de Buenos Aires, también ha hecho mucho para que tengamos una iglesia más amable, más humana, y más cercana al pueblo. Aunque eso implique a veces contradecir los dictámenes oficiales. Lo más cabal es ser laico y promover, por el bien de la humanidad, la laicidad. Pero también es totalmente legítimo creer en algo sobrenatural, creer en un dios, etc. Los verdaderos católicos respetuosos me merecen todo el respeto. Sabemos que José Bono y Pedro Zerolo comulgaron con pan en la ceremonia de hermandad de Entrevías. Pero a lo que no estamos dispuestos es a comulgar con las ruedas de molino de la iglesia antipática de Ratzinger.

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