Salamanca,  Castilla    
Leyenda visigoda
La espada y el último rey godo en Segoyuela
Ramón Grande del Brio
Redacción / Martes 15 de enero de 2008
 

La Laguna de Segoyuela, ubicada en el sur de la provincia de Salamanca, encierra un misterio compartido con otros lagos y lagunas. Cuenta la tradición que al morir don Rodrigo, último rey godo, una espada apareció empuñada por una mano misteriosa que emergía de las aguas de dicha laguna, significando con ese postrer acto la irreductibilidad del poder regio ante la derrota y la muerte. Se cree que un día venidero la espada -desde entonces sumergida en el agua- será tomada por quien habrá de restituir el "status" real perdido (1).

Resulta curiosa y sugerente a la vez la existencia de una tal leyenda en la provincia de Salamanca, en la que nosotros descubrimos una serie de paralelismos con diversos episodios de los ciclos heroicos y mitológicos. Crisol de simbolismos, la espada representará a lo largo de toda la Edad Media el soporte alegórico que trata de servir a la descripción de un mundo situado en un plano superhistórico. La leyenda y el mito a parecen estrechamente vinculados. El significado de la espada se nos desvela a través de determinados temas legendarios en los que el héroe cobra fuerza de ella o la utiliza como símbolo de la asunción de un orden superior. En el ciclo artúrico, la espada Excalibur, sostenida sobre las aguas por una mano misteriosa, es arrebatada por el rey Arturo con la ayuda del mago Merlín. Con ello, aquél asume la dignidad y el poder regios que un día, a través del acto de restitución de la citada espada al brazo que emerge de las aguas, volverán de nuevo a quedar situados en el plano metafísico en espera de la llegada de quien sea digno de empuñar Excalibur. De modo paladino se descubre, tanto aquí como en el caso de la espada de don Rodrigo, el sentido prístino de la mística del poder y la autoridad originarios.

Dotado de análogo simbolismo se encuentra en la saga germánica el episodio de la espada clavada en el tronco de un árbol, la cual nadie, excepto Sigfrido, logra arrancar. Constituye el equivalente del episodio de la espada clavada en el escalón flotante y que ninguno de los caballeros de la Tabla Redonda puede desprender, salvo Galaz (Galaad), caballero puro que encontrará el Grial. Asimismo, tiene adecuada correspondencia con el pasaje, en la literatura del Grial, que refiere la prueba que ha de superar Lanzarote, cruzando por el filo de una espada tendida a manera de puente; e igualmente con otras aventuras que diversos personajes han de afrontar en relación con espadas que no pueden ser desenvainadas sino por quien demuestre poseer una unción mística especial.

En el caso de la espada sostenida por un brazo misterioso sobre las aguas, hay que advertir la presencia -patente en lo esencial- de ciertos elementos dotados de universalidad. Julius Evola, en un magistral análisis de una serie de temas legendarios relacionados con el Grial, alude al carácter primordial que posee la espada, de signo viril (2). El acto de extraerla de una roca o un árbol, o de sacarla de la vaina, o, como en el caso que nos ocupa, de tomarla de una mano misteriosa que emerge de las aguas, ha de ponerse en relación con la idea de la restauración de un regnum perdido en un momento de debilidad. Muy significativo es a este respecto el motivo legendario que alude a la aparente muerte de un personaje, el cual espera el día en que un determinado héroe le devuelva la vitalidad. En muchos casos, el héroe se apodera de la espada misteriosa que le confiere una condición de orden elevado, en cuya virtud, aquél se erige en restaurador. Pues bien, tanto el rey Arturo en el ciclo del Grial, como el rey don Rodrigo en la tradición local a que nos estamos refiriendo, se presentan en un estado de "latencia", retirados a un ignoto lugar. No se trata en todo caso de una mera referencia literaria que presume la utilización de esquemas místicos en su exposición, sino que el significado de la espada ha de inscribirse en el capítulo de la permanencia del símbolo. Es, en fin, la espada, en su acendrado simbolismo, un significante que nutre el concepto. Disociado éste del contexto puramente físico, tangible, material, podemos ver entonces la función del elemento simbólico como proveedor de alegorías.

En razón de lo anteriormente dicho, descubrimos la presencia del ingrediente misterioso que nos remite al plano sobrenatural, elevado y atinente al símbolo. La espada que se eleva sobre las aguas se halla informada de una entidad ideal que en las leyendas célticas representa la inefable naturaleza del poder originario. El arma caballeresca por antonomasia se erige así en punto de referencia para la construcción del oportuno concepto. A este punto, cabe destacar el carácter intemporal de la espada, surgido tal vez en un primer momento en que se quiso representar el componente de trascendentalidad subyacente en el poder de la realeza asumida por un personaje y en la fuerza conquistadora de un pueblo "superior". Creemos que es en este contexto donde habría que situar el fenómeno de emersión del brazo con la espada, considerada ésta como símbolo afirmador del poder .

De otra parte, hay que señalar la particularidad de que la fabricación de la espada se produce en un entorno merveilleux, sede de lo místico y lo extraordinario. Así, la espada Excalibur está fabricada en el lejano país de Avallon, identificado con el lugar de los Hiperbóreos. En la mitología germánica, la espada que empuña Sigfrido recibe asimismo un tratamiento singular en las insondables moradas de los artífices que están en el secreto de la forja. En el caso de la espada de la laguna salmantina, se .dice que está hecha "en el lugar de los godos, en un tiempo lejano". He ahí una alusión inequívoca a la presencia de un factor espaciotemporal que en mayor o menor medida afecta a todas las espadas "mágicas". Las diferentes espadas son forjadas en la sede de un "Centro Superior" o lugar superhistórico, en virtud de lo cual, aquéllas son dotadas de una entidad maravillosa (3).

Por lo demás, los lagos poseen un carácter esotérico en los ciclos mitológicos y legendarios. La conjunción de ambos elementos -la espada y el lago- que aquí, en el plano simbólico, se apontocan mutuamente, permite hablar de alegoría, en cuanto que una imagen determinada -concretamente el brazo empuñando la espada sobre las aguas- nos remite a un mundo presidido por un entrelazo de símbolos.

De otra parte, habría que considerar la filiación etnológica de la leyenda de la laguna salmantina. Para nosotros no cabe duda que posee una tradición céltica. En este sentido, creemos que la fórmula interpretativa del episodio en cuestión se halla alejada de consideraciones historicistas "sensu stricto", por lo cual un intento de explicación simplista tropezaría con la inefabilidad del símbolo. y entonces habría que echar mano de los valores universales que han conferido al mismo su especial significación. Advertiríamos, además, el carácter unívoco de aquéllos. Por ello, estimamos que entre los diferentes episodios en los que se resalta la cualidad de la espada, no hay que buscar analogías sino homologías. Esto induce a descubrir un sentido unitario en los mismos. Por virtud de dicho elemento simbólico -la espada- el personaje que lo posee alcanza una proyección ideal, mística.

Concluimos diciendo que en el caso de la leyenda de la espada de la laguna salmantina, no cabe hablar de folklorismo, pero persiste el elemento etiológico que es preciso situar en un universo primario de símbolos. De éstos se nutre en gran parte el folklore: unas veces de forma directa, otras "subliminadamente".

Misión del investigador es ahondar en las raíces de lo popular, en busca del acervo de materiales constitutivos de la entraña folklórica, verdadera radiografía de la psicología de un pueblo.


(1) Según la tradición local, el rey don Rodrigo murió en las inmediaciones de Segoyuela, en donde había buscado refugio tras la derrota sufrida en la batalla de la laguna de la Janda.

(2) EVOLA, J.: "El misterio del Grial". Ed. Plaza & Janes. Barcelona, 1977; pág. 60.

(3) El carácter mágico de la espada aparece en la mitología céltica y en la germánica en relación con la cualidad divina o heroica de ciertos personajes, e incluso, llega a representar a alguno de éstos en calidad de símbolo. Tal es el caso de la espada del dios germánico Tyr; la espada de Tethra, dios de los temibles Fomores, en el ciclo mitológico irlandés, y que más tarde pasa a poder del héroe Ogmios, vencedor de aquéllos. En fin, habría que mencionar además, entre otras, la espada de Freyr, dios germánico, !a cual se movía sola por el aire, la espada con empuñadura de oro del dios irlandés Loégairé Libau y la espada de oro de Crysaor, personaje vinculado al mundo tartésico. En fin, la propia espada "Durandal" o .’Durandaina" de Roldán tendría, en cierta medida, virtudes mágicas.

En lo que a nosotros respecta casi únicamente tenemos constancia de la batalla que se libró, está documentada con seguridad, en Segoyuela de los Cornejos, -aquí, bien cerca- en la que el último rey godo, D. Rodrigo, cayó derrotado. Aunque ha sido puesta en duda la veracidad de este aserto, a José Luis Martín, Catedrático de Historia Medieval de la Universidad de Salamanca recientemente fallecido, me remito; últimamente ha demostrado que no hay razón alguna para ponerlo en duda. Tras la derrota del último rey godo, entramos en la dominación musulmana que deja el valle del Duero prácticamente vacío de población pues a lo largo y ancho del mismo se libraron frecuentísimos enfrentamientos que dieron lugar a que la población huyera a otras zonas más seguras, menos comprometidas. Este casi absoluto despoblamiento del valle del Duero dura en la práctica tres siglos.


Foro Castellano 23 de Abril apoya el software libre SPIP  | Diseño: fc23a | Copyleft