Salamanca,  Castilla    
A traves de María Pacheco
Mujeres en los márgenes
Iniciativa Comunista
Redacción / Jueves 10 de enero de 2008
 
El autor tomando como excusa la figura de la comunera toledana María Pacheco, hace un repaso sobre otras figuras históricas que se reivindicaron luchadoras. Foro Castellano 23 de Abril ha extractado los aspectos biográficos resaltados por el autor en su artículo original.

(...)En esta última y definitiva parte del trabajo, pasaré a estudiar casos concretos de mujeres que, si no se salvaron del estricto y reglado destino al que fueron sometidas, si al menos vivieron una parte de su vida de una forma diferente y destacaron por sus estudios, su inteligencia y , sobretodo, por sus actuaciones públicas en un mundo reservado para los hombres en estas esferas.

Podríamos citar a personajes de la realeza como Isabel de Castilla, Juana de Castilla, Isabel I de Inglaterra, Catalina La Grande de Rusia...todas ellas que ocuparon el trono de sus respectivos países con mano firme algunas y con mas que dudosa debilidad y manipulación algunas otras. Sin embargo, realmente no es tan meritorio señalar dichos casos realmente como mujeres que se emanciparon y reclamaron para si su lugar en la política pública fuera del hogar, ya que, al ser de la realeza su mundo era distinto (...) De otra forma, sí es mas meritorio hablar de mujeres pertenecientes, bien a la nobleza o aristocracia, bien a las clases medias, que desempeñaron en su época un papel central y que tuvieron que enfrentarse a grandes polémicas con respecto a su decidido protagonismo en un mundo donde las reglas las hacían los hombres. Ejemplos de ellos, serian personajes como la biología protestante holandesa Maria Sybilla Merian, la feminista dieciochesca Mary Wolstonecraftt, o la comunera castellana Maria Pacheco.

Puesto que solamente me detendré en estudiar el segundo caso, si es justo reconocer y recordar el mérito de la primera, como única mujer en su época que se instruyó, formó y estudió ( aún cuando ello iba en contra de su sexo y de su propia familia) y llego a estudiar en Surinam diversas especies animales y vegetales y al final, pudo vencer los prejuicios lógicos del patriarcalismo de su época y llegar a ser reconocida en Holanda como una insigne representante e intelectual de la biología de su país, y de todo el mundo. Ellas fueron, como titula un excelente libro de Natalie Zenon Davies, “mujeres en los márgenes”, mujeres que vivieron su vida al margen de la realidad impuesta por la moral religiosa y civil que quería reducir el papel de la mujer a una esfera de sumisión total.

El caso de Maria Pacheco no fue menos insigne y destacable que el de la biología holandesa. Maria, nació en el seno de una familia castellana nobiliar y de alta alcurnia, los Mondejar-Tendilla, en Granada ( su ciudad amada de la que llego a decir que se sentía “ de Granada y de Toledo en su interior) en el año de 1496, una vez iniciado el proceso de unificación de su querida Castilla con la corona de Aragón y que fomentaron la unidad política (aunque no social) de la península ibérica. A pesar de ello, la unidad no era tal y como la querrían muchos de sus dirigentes, y bien se encargaría Maria de recordárselo años después. Hija de Iñigo López de Mendoza y Francisca Pacheco, el primer signo de diferencia con respecto a muchas mujeres de su época es que jamás llego a adoptar el apellido de los varones que pasaron por su vida, ni el de su padre (López Mendoza) ni el de su futuro esposo (Juan de Padilla) y siempre ha sido recordada por el apellido materno.

Este acto, ha sido interpretado de diversas formas, desde los que no han osado en decir que siempre tuvo una conciencia claramente feminista y se negó a plegarse a los designios e imposiciones de un mundo patriarcal que sometía y humillaba a las mujeres a que perdieran su identidad, hasta otros historiadores que afirman que tuvo el apellido López de Mendoza pero que lo cambió por el de su madre, con el objeto de no ser confundida con otras “Maria López de Mendoza”, hermanas suyas, que ya existían en la familia. Fuese como fuese, igualmente cabe destacar la osadía de esta mujer que no dudo en afirmar su identidad y peculiaridad tanto en su familia como en aquellos lugares donde dejo huella.

Así, Maria tampoco fue una muchacha corriente en su educación ya que, inmersos en un espíritu renacentista, recibió una educación acorde con los varones y desde luego muy diferente al papel que la sociedad guardaba a las mujeres, incluso en el tema de la instrucción. Mujer culta, recibió conocimientos de latín, griego, matemáticas, historia, geografía...lo que le permitió convertirse en una muchacha con unos conocimientos de la vida, del mundo y de la realidad política de Castilla de la que no gozaron la mayoría de las mujeres de su época (y tampoco muchos hombres).

Sin embargo y pese a todo, Maria era una mujer que vivía en una época concreta, el renacimiento, la edad moderna, lo que no la eximió de todos los convencionalismos de su época y , como todas las mujeres del momento, se vio obligada a casarse con apenas 14 años de edad, por decisión de su familia, con un joven militar, Juan de Padilla que poseía rango muy inferior al de su condición nobiliar (otro elemento característico del periodo era que las mujeres casasen con varones de inferior rango para acercar posiciones y alianzas con otras familias súbditas). Ello, según todas las crónicas del periodo, no pareció haber gustado mucho a la joven castellana que mostró su disgusto y su desprecio un tiempo por su joven marido. Asentada en Toledo, Maria se convierte con el paso de los años , y tras la subida al trono de Castilla y Aragón de Carlos V de Alemania (hijo de Juana I de Castilla), en una de las mas firmes e insignes defensoras de los derechos y libertades de Castilla frente a la primacía imperial de Carlos V y sus partidarios realistas e imperiales.

Ello se demostró cuando, tras los primeros alzamientos de las Comunidades castellanas, se sumó pronto a la guerra. Concretamente, en abril de 1520, se formó al mismo tiempo que en toda Castilla la Junta de Toledo, y posteriormente en julio de 1520 se crea en Ávila la Santa Junta del Reino de Castilla, encargando a Juan de Padilla el liderazgo del ejército comunero, al cual María prestó todo su apoyo y colaboración desde los primeros momentos.

Sin embargo, resulta curioso que, a pesar de haber sido Maria Pacheco la mas valerosa y decidida comunera de los dos y de todo Toledo, haya sido su marido y otros toledanos los que hayan pasado a la historia de forma mas heroica que ella, quizá por esos prejuicios patriarcales que siempre han dominado a quienes han escrito nuestra memoria histórica. De esta forma y una vez formada la Junta de Toledo, y la Santa Junta del Reino, la inercia de los acontecimientos llevan a Juan de Padilla a alejarse de Toledo para liderar en el resto de Castilla a los ejércitos comuneros.

Como es bien conocida la historia, una batalla tras otra, condujo al ejército comunero hasta el pequeño pueblo vallisoletano de Villalar, donde se produjo el encuentro definitivo entre las tropas realistas de Carlos V y el ejercito comunero de Juan de Padilla, Juan Bravo y Francisco Maldonado, que el 23 de abril de 1521 fue definitivamente derrotado en esta villa. Como consecuencia, los tres lideres castellanos fueron decapitados unas horas después.

Mientras tanto, en ausencia de Juan de Padilla, Maria Pacheco no asumió ninguna posición de sometimiento y debilidad y, acorde con su ímpetu, lideró y gobernó ella sola la ciudad de Toledo hasta el 29 de marzo de 1521, momento en que se produjo la llegada del líder comunero religioso Antonio de Acuña. Una vez se enteró de la derrota del ejército comunero y de la ejecución de su marido, Maria Pacheco recayó en una profunda depresión durante algún tiempo.(...)

La derrota al mismo tiempo de su marido y de su causa sumió a Maria en un profundo dolor, lo cual no le impidió seguir liderando el proceso comunero. De esta manera, y caídas las tropas comuneras en el norte de Castilla el 23 de abril y el centro de Castilla el 7 de mayo, apenas quedaban zonas de resistencia si no al sur de Castilla, que a diferencia del resto aún no había firmado su rendición y continuaban su lucha frente a las tropas imperiales de Carlos V.

De esta manera, desde mayo de 1521 a febrero de 1522, Maria Pacheco mantuvo vivo en solitario, alentando con su esfuerzo a los toledanos, al ultimo foco de resistencia comunera en Castilla, la ciudad de Toledo. Sin embargo, la causa comunera militarmente ( aunque no política e ideológicamente) estaba ya perdida y las tropas realistas de Carlos V intensificaron a partir de septiembre el asedio, de forma que se hizo ya insoportable. Ello culmino el 3 de febrero de 1522 donde, tras organizar las ultimas sublevaciones de resistencia, Toledo cae definitivamente en poder de las tropas imperiales y la rebelión comunera definitivamente liquidada.

Tras ello, Maria Pacheco, perseguida por la justicia imperial de Carlos V logro refugiarse con sus hijos en la ciudad portuguesa de Oporto donde vive de la mendicidad en condiciones muy lamentables, negándose a recibir puestos de sus familiares en dicha ciudad, debido a que se le veto el retorno Castilla. De esa forma, Maria mantuvo firmemente sus ideales y creencias hasta las ultimas consecuencias de su vida y aunque nacida como noble y “Grande de España” murió en la mas ínfima pobreza. Allí falleció Maria Pacheco en marzo de 1531, a 10 años de la derrota comunera en Villalar, y a 9 de la caída definitiva de su querida Toledo y definitivamente de toda la causa comunera.

Sirva la biografía de Maria Pacheco como muestra de las mujeres que lucharon y resistieron hasta su muerte por sus ideas en un mundo muy poco idílico y, desde luego, muy poco propicio para las mujeres, y menos aun para las luchadoras como Maria Pacheco.


Extracto del artículo publicado para Kaos en la Red


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