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23 de abril
Miles de personas en la campa comunera
Aumentan las reivindicaciones sociales y ecologistas
Redacción / Domingo 25 de abril de 2010
 

Adolfo Delibes, hijo del escritor Miguel Delibes, prestó su voz a un Manifiesto de Villalar que reclamaba vida para el campo, una apuesta por el desarrollo rural, por el empleo y por Castilla y León como una tierra para vivir y para retornar, de acogida y no de emigración.

Juan Vicente Herrera incidió a primera hora de la mañana en la idea que fue hilo conductor de su discurso del jueves en la reclamación de un esfuerzo colectivo que haga crecer la comunidad. «Hoy es un día de fiesta para los castellanos y leoneses, pero también de compromiso por un futuro mejor para esta tierra y un futuro mejor para todos sus hijos, incluso para aquellos que hoy no tienen nada que celebrar y no pueden disfrutar del día porque sufren las consecuencias más dramáticas de la crisis», aseguró el presidente de Castilla y León.

El secretario de los socialistas de la comunidad autónoma también apostó por una tierra a «la que la gente vuelva en lugar de irse», que garantice el futuro del campo y unos servicios públicos de calidad. «No somos menos que nadie», señaló Óscar López.

«Ésta es una buena tierra para vivir, para progresar, para el retorno de quienes un día se marcharon. Esta tierra tiene futuro», clamó Adolfo Delibes de Castro desde el escenario principal de la campa de Villalar, arropado por los representantes de las organizaciones políticas y sindicales firmantes del mnifiesto. Los once colectivos son Alianza por la Unidad del Campo (COAG-UPA), Cavecal, Comisiones Obreras, UGT, Cecale, Consejo de la Juventud, IU, PCAL, PP, PSOE y UCCL, al que se adhirieron las cuatro asociaciones de autónomos (ATA, FEACyL, TRADECyL y UPTA). Un texto que se cierra con una invitación expresa al esfuerzo común: «Es tarea de todos aportar lo mejor de nosotros mismos con diálogo, con inteligencia y con tolerancia para construir la comunidad de todos y para todos».

El paro

Pero antes de llegar a ese necesario compromiso con el futuro, el manifiesto de Villalar del 2010 no podía evitar recordar la realidad de la crisis económica que, por segundo año consecutivo, planeó sobre la campa en la que fueron ejecutado los Comuneros. Una recesión que «ha seguido golpeando a las empresas, a los trabajadores y a las familias», y que hay que intentar cambiar y, por ello, los colectivos políticos y sociales dirigen su mirada al diálogo social como «mejor instrumento para continuar haciendo frente a la situación». La lucha contra el paro y la emigración juvenil y, la recuperación del empleo de Castilla y León deben centrar los objetivos de los acuerdos que piden los firmantes del manifiesto que leyó Adolfo Delibes. El campo también estuvo presente para reivindicar «el carácter estratégico de la agricultura y la ganadería para mantener el tejido económico y social del mundo rural y frenar la despoblación de los pequeños municipios de la comunidad autónoma». Los firmantes tampoco se olvidaron de reclamar el desarrollo estatutario y reclamaron avances en el traspaso de las competencias del río Duero y de la administración de Justicia, así como el impulso «el desarrollo legislativo de la carta de derechos sociales».

Pero Villalar, altavoz de reivindicaciones ciudadanas, también acogió ayer una muestra de castellanos y leoneses que ven peligrar su futuro: los trabajadores de Nissan, las gentes de Tierra de Campos contrarias al almacén nuclear o los agricultores vallisoletanos de Corcos, Cigales y Cabezón, afectados por el impago de los terrenos del macropolígono industrial. Su voz atronó en la villa comunera, para disgusto de los populares, entre una comitiva de políticos y agentes de seguridad -bastantes uniformados, pero más de paisano- que llevaba en volandas a Herrera. «Espero que a Pepiño le monten una parecida», espetó, con enojo, una diputada provincial de Valladolid. Puede que hiciera pellas aquel día que explicaron en clase que en política no todo son abrazos en los mítines e inauguraciones con fotos amables.

Y, en efecto al ministro de Fomento, José Blanco, también le esperaba alguna que otra reivindicación. Era lógico, la ocasión la pintaban calva. Si a las diez de la mañana el despliegue de una pancarta contra los cementerios nucleares desde un edificio próximo al Ayuntamiento de Villalar sorprendía a Herrera, poco después de las dos de la tarde, al ministro de Fomento le esperaban los trabajadores de Correos para trasladarle sus temores a que las privatizaciones den al traste con sus puestos de trabajo o que estos se conviertan en empleos precarios. A primera hora de la mañana, al presidente de la Junta se le demudaba el rostro cuando vio a un grupo de agricultores del polígono industrial de Cabezón, Corcos y Cigales, que habían abandonado por unas horas el encierro que mantienen desde hace más de un mes en el Ayuntamiento de este último municipio, para exigir que el Gobierno regional que obligue a las empresas a pagar las tierras compradas hace cuatro años. El disgusto de Herrera fue más que evidente cuando comentó que «hay algunos que son militantes míos». Más bien, casi todos. Pero tampoco Blanco se esperaba que las carencias de Castilla y León se hicieran patentes en la campa festiva de Villalar a la hora de comer. «Si estoy aquí es en calidad de vicesecretario general socialista para acompañar al alcalde de Villalar, que me ha invitado», señaló para intentar eludir más preguntas de los representantes de los medios de comunicación. Pero éstas, inevitablemente, cayeron encima. La inacabada Autovía del Duero o algunos de los proyectos de la Alta Velocidad Ferroviaria (AVE), paralizados por la crisis.


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