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Poeta de Castilla
Zamora homenajea a Claudio Rodríguez
El Instituto Florián de Ocampo reedita sus obras
Redacción / Jueves 25 de noviembre de 2010
 

Para los poetas, Claudio Rodríguez es el Miguel Delibes en verso. Los dos compartieron una misma inspiración: las tierras y la gente de una Castilla que recorrían incesantemente. Ambos usaron palabras comunes y expresiones llanas y las dotaron de una fuerza y un lirismo fundacional. Gozaron del respeto de sus contemporáneos que les identificaron con una tierra por la que nunca perdieron la esperanza, ya fuera narrando su sufrida grandeza, uno, o encontrando en ella una alegría existencial, el otro.

El poeta pasea por Zamora.

Así lo han entendido literatos que defendieron su obra con más intensidad que el propio autor zamorano, al que sólo importaba hacer versos. Escribió sólo seis libros que aún siguen creando adeptos. "Es usted auténtico y real", le dijo el nobel Vicente Aleixandre, ya en el año 1953, a propósito de su deslumbrante debut con sólo 19 años, ’Don de la Ebriedad’. Antonio Colinas sostiene que el lector reconoce en Claudio Rodríguez los elementos más humildes de los paisajes natales. "Un poeta mágico", señaló el llorado José Hierro. Gustavo Martín Garzo recuerda cómo Rodríguez era capaz de hacer poesía incluso mientras hablaba de fútbol, al evocar el toque de un futbolista en su partido de retirada por el que el balón "cayó como una lágrima". Desde las letras catalanas, Pere Guimferrer señala que en sus versos está "el castellano y Castilla misma". Para Antonio Gamoneda, "Claudio Rodríguez no tiene par en toda la poesía coetánea en lengua castellana y punto".

Con José Hierro y Vicente Aleixandre

Once años después de su muerte, Zamora sigue arropando a Claudio Rodríguez. El instrumento es un Seminario permanente dedicado a su obra, presidido por su viuda Clara Miranda que partió de la iniciativa, en 2004, del Instituto de Estudios Zamoraros Florían de Ocampo. Desde allí se han promovido traducciones y este año celebran una adaptación, por fín, de ’Don de la Ebriedad’ al francés, premiada por la crítica gala. Edita, además, la revista anual ’Aventura’ (título del sexto y último poemario que el autor dejó inacabado) y celebra encuentros anuales.

Precisamente, bajo el título ’El lugar de la Utopía’, este viernes arrancan las IV jornadas dedicadas a la memoria del autor, patrocinadas por el Ayuntamiento de Zamora y el Ministerio de Cultura.

Desde la óptica de la literatura como negocio, este podrá ser un acto insignificante. Pero, desde la calidad, es una reunión de lujo. Como ejemplo, tres de sus invitados: el filósofo Francisco Fernández Buey; Bernardo Atxaga, esa rara avis que aúna el favor de público y crítica y un clásico vivo de nuestras letras, el poeta andaluz Pablo García Baena, quien ya hace años describió a Rodríguez con sencillez y acierto: "La poesía de Claudio es indudablemente muy personal, no tiene nada que ver con la poesía al uso, es la de un hombre reciamente castellano. Un poeta que no escribe demasiado, pero que ha hecho un gran libro a través de su vida".

Luces y sombras

Clara y Claudio en Cambridge.

Una vida que vio su primera luz el 30 de enero de 1934 y su primera sombra 13 años después, con la muerte de su padre, quien le inculcó su amor por la poesía. Claudio se fija en los clásicos y su musicalidad, en la altura de los místicos y en la dulce violencia de los franceses. Y tan importante como eso son los largos paseos por calles y campos, donde se ’pierde’ en el trato de sus gentes. Paseos de los que regresa con los bolsillos llenos de notas, andanzas en las que encuentra el ritmo orgánico de su poesía.

En opinión de quien esto escribe, no hay nadie que camine por el verso con paso tan firme y, de pronto, se detenga e interrogue como él. Que use la admiración para celebrar la vida de manera tan conmovedora. En su pecho latía la precocidad de Rimbaud. Su primera obra, considerada una de las cimas de la poesía castellana, la escribió recién cumplidos los 19. De inmediato, ésta le valió el premio más codiciado de entonces, el Adonais, y Vicente Aleixandre se convirtió en su padrino artístico, que con el tiempo le facilitó una plaza de lector en Cambridge, tras la edición de ’Conjuros’, su segundo libro.

Allí escribió la mayor parte de su tercer poemario ’Alianza y Condena’ y fue atraído irremediablemente por su reverso anglosajón: el elitista, críptico, pero fascinante, T. S. Eliot, con el que comparte la ambición por la perfección absoluta. Se sabe, incluso, que el zamorano tradujo ’La Tierra Baldía’. Tan cierto como que Clara Miranda guarda celosamente ese material que Rodríguez no consideró lo suficientemente válido.

Sólo una vez escribió rápido. Con la muerte violenta de una de sus hermanas. El dolor queda reflejado en la primera parte de su cuarto libro ’El vuelo de la celebración’. Su arranque ’Herida en cuatro tiempos’ es el único poema, que se conozca, que realizó en apenas 48 horas, sin dormir y sin titubear: "Y que tu asesinato/ espere mi venganza, y que nos salve./ Porque tú eres la almendra/ dentro del ataúd. Siempre madura". Ahora, todos estos libros, incluido el último Casi una Leyenda, han sido de nuevo editados por el Seminario y patrocinados por el Instituto de Estudios Zamoranos Florián de Ocampo.

Se trata de una edición extraña y honesta. "Creímos que el mejor homenaje a Claudio Rodríguez era editarle como si fuera por primera vez, con los cinco volúmenes tal como parecieron y situarle ante el lector al desnudo, sin las notas a pie de página, prólogos y comentarios que pueblan las otras ediciones», explica Tomás Sánchez Santiago, responsable de este ’renacimiento’.

Un día Claudio Rodríguez regresó a Zamora para perderse en ella definitivamente y esta vez no pudo escaparse de la comitiva. José Ignacio Prieto fue el encargado de encontrarle un sitio en el cementerio de la ciudad. Lo más difícil es saber despedirse en vida sin retórica vana, como quien se despide de un amigo en la calle. Él lo hizo. Quizá por eso es un clásico: "...Adiós./ Es útil norma este suceso, dicen. Queda/ tú con las cosas nuestras, tú que puedes,/que yo iré donde la noche quiera".


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