Salamanca,  Castilla    
Hombres de Musgo
Béjar celebra su pasado medieval
Redacción / Lunes 11 de junio de 2007
 

Debieron de ser muchos más y seguramente su revestimiento vegetal no fueran tan esmerado y uniforme. El caso es que Béjar no faltó a una de sus tradiciones más arraigadas que da un carácter absolutamente original, a la festividad de la ciudad gracias a la participación de los Hombres de Musgo. De nuevo, ocho bejaranos recordaron a los guerreros cristianos que recuperaron en el siglo XII la ciudad para el Reino de Castilla, recubriendo sus ropas con musgo.

No hay demasiadas concreciones históricas para fechar el origen de esta tradición. Parece ser que un 17 de junio un grupo de cristianos refugiados en la montaña se aventuró a poner fin a la dominación árabe de Béjar con una arriesgada acción militar basada en una intrépida operación de camuflaje. Según la leyenda, a falta de una fuente histórica documentada, el grupo de guerreros se revistió con musgos y ramas de la sierra. Así lograron llegar hasta las puertas de la ciudad justo cuando iban a ser abiertas. Cuando los centinelas se percataron de su presencia, corrieron pensando que se trataba de seres sobrenaturales. Después comprendieron el engaño, pero ya era tarde y los cristianos reconquistaron la ciudad para Alfonso VIII de Castilla.

Desde entonces, los bejaranos han mantenido viva una leyenda que desde el siglo XIV se celebra al mismo tiempo que el Corpus, convirtiéndose los Hombres de Musgo en la escolta solemne del estandarte municipal.

Una tradición que ha experimentado también momentos difíciles, pues durante años el Ayuntamiento de Béjar tuvo que sostenerla en solitario pagando a vecinos de otras localidades para que se vistieran con los trajes de musgo. Hoy la leyenda vive uno de sus momentos de mayor esplendor, con una larga lista de espera de voluntarios que deben esperar años hasta portar el traje vegetal.

Parte viva de esta larga historia es Santiago Romero, un peculiar sastre que lleva nada menos que 35 años dedicándose a vestir cada Corpus a los Hombres de Musgo. En total, cada hombre sostiene entre 12 y 15 kilos de placas vegetales, a los que hay que sumar los metros de cuerda que dan consistencia al traje. Para evitar el picor, el musgo se monta sobre un mono de tela.

El mayor y la única mujer

A pesar de las molestias de portar el traje, son muchos los que se prestan a vivir la experiencia en varias ocasiones. Es el caso de Modesto Martín, un nombre propio en la tradición. A sus 83 años, ayer fue la sexta vez que encarnó el papel de Hombre de Musgo. «Ya no sientes la ilusión de la primera vez, pero siempre vengo muy orgulloso de contribuir al esplendor de esta fiesta», señala. También en los últimos años es habitual que entre los ocho guerreros se encuentre alguna mujer. En esta ocasión, Elisa Heras ya era una vieja conocida. «Hice la procesión en el 2003 por una promesa y me entró el gusanillo de repetir», asegura.

La de los Hombres de Musgo es la única leyenda de reconquista de una ciudad gracias al camuflaje de hojas y ramas que mantiene viva en la actualidad su recreación. Fiesta de Interés Turístico Regional desde 1998, ya cuenta con el informe favorable para ser declarada de Interés Nacional, reconocimiento que se espera para los próximos meses.


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